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  • Foto del escritorEl Centinela del Norte

Batalla de Villamontes

El nombre de Batalla de Villamontes comprende los combates finales de la Guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, desde enero a junio de 1935, en la zona comprendida entre el río Parapetí, al norte; la serranía del Aguaragüe al oeste; el río Pilcomayo al sur, a la altura de Villamontes; y las zonas bajas desde Huirapitindí a Capirendá al este. Este territorio pertenece actualmente a Bolivia y se reparte entre los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz de la Sierra.


Luego de la derrota de Ybibobó, el comando boliviano estableció una nueva línea de defensas en Villamontes. Con sus arsenales, depósitos y líneas de comunicación, este pueblo era el último punto de apoyo de Bolivia en el Chaco. Su pérdida hubiera abierto el camino a Tarija, y teniendo en cuenta las precarias líneas de comunicaciones bolivianas, hubiera dejado toda esa zona en manos de los paraguayos.


La tarea de defender Villamontes fue encomendada a los coroneles Bernardino Bilbao Rioja y Óscar Moscoso. Apoyada por la gran concentración de artillería y bajo la protección de extensas fortificaciones, la moral del ejército boliviano experimentó un repunte. En el sector sur del sistema defensivo, el río Pilcomayo sirvió de defensa natural a la 4.ª División boliviana que se atrincheró a lo largo de la ribera sur de ese río que a esa altura ya no sirve de límite con Argentina.


Por su parte, el presidente Tejada Sorzano decretó, en diciembre de 1934, la movilización de todos los bolivianos en edad de prestar el servicio militar.



La guerra del Chaco se había hecho para los indios y los obreros. Los parias, que nunca gozaron de derecho alguno, ahora se ven abrumados por obligaciones; la patria, que nunca les dio nada, les obliga ahora a ofrendar sus vidas en defensa de la soberanía nacional. Una vez que son diezmados, los adolescentes y los ancianos, aquellos que por su temprana o avanzada edad no pertenecen a aquel anfiteatro macabro, son Ilevados al frente, a seguir rindiendo su vida para una causa que desconocen y no entienden. Mientras que los burgueses, que antes vendían salud, ahora forman legiones de hombres aquejados por las más diversas enfermedades.

Willy O. Muñoz, en Muñoz (1986, p. 225 a 241)


Este nuevo ejército boliviano, con sus 36 regimientos, duplicó al anterior y, por tercera vez desde el inicio de la guerra, Bolivia tuvo una superioridad significativa de efectivos y medios sobre Paraguay. Pero los problemas siguieron siendo los mismos: los soldados reclutados masivamente, aunque estaban bien armados, carecían de preparación y experiencia para el combate, a lo que se sumaba defectos muy ostensibles en la conducción. Por esa razón, y en contra de todo lo esperable, el ejército paraguayo, pese a su inferioridad numérica, escasos recursos y extensa línea logística, mantuvo la iniciativa.


El 11 de enero de 1935, dos regimientos de la 3.ª División boliviana fueron rodeados en Capirendá sufriendo 330 muertos y 200 prisioneros y el resto fue obligado a retirarse hacia Villamontes.


Un destacamento paraguayo de 1100 hombres, sin apoyo de artillería y reservas, al mando del mayor Caballero Irala, avanzó casi 100 km desde 27 de Noviembre hacia el río Parapetí y luego de aniquilar a los regimientos Ingavi y Junín y batallones auxiliares capturó Amboró y Santa Fe los días 16 y 18 de enero y avanzó hacia Casa Alta y Cambeití.


El día 23 de enero cayó Carandaitý en poder de la DRG (División de Reserva General) paraguaya. Desde allí las fuerzas paraguayas avanzaron sobre Boyuibé y el día 28 desalojaron de esa posición a las divisiones bolivianas DC-1, DC-2 y DI-7 cortando el camino que unía Villamontes con Santa Cruz de la Sierra.


Diez días después, en febrero de 1935, las mismas fuerzas envolvieron el flanco derecho del regimiento boliviano RI-12 Manchego en Ñancorainza, en plena sierra, pero este, al recibir ayuda de los regimientos de la 1.ª División de Caballería (DC-1), pudo salvarse y las fuerzas paraguayas tuvieran que retirarse nuevamente hacia Boyuibé.


En un último esfuerzo por terminar la guerra, el general paraguayo Estigarribia decidió tomar Villamontes el 13 de febrero de 1935 con solo 15 000 hombres y casi sin apoyo de artillería. El coronel Bilbao Rioja con 21 000 hombres, sin contar los cuadros de oficiales y suboficiales,​ superioridad aérea, excelentes fortificaciones y abundante artillería, pudo contener los sucesivos intentos paraguayos de ensanchar la ruptura inicial de 3 km que se produjo en la línea defensiva boliviana. ​El ataque fracasó con importantes bajas para los atacantes paraguayos.


El 5 de abril de 1935, un destacamento paraguayo de 2600 hombres bajo las órdenes del coronel Garay, a pesar de su inferioridad numérica y de medios, cruzó el río Parapetí, desalojó de la ribera occidental a 5000 soldados pertenecientes a dos divisiones bolivianas al mando del coronel Anze y luego de empujarlas más de 50 km hacia el oeste capturó, el 16 de abril y por unos pocos días, el poblado guaraní de Charagua.


El impacto político que produjo la caída de Charagua y la amenaza que implicaba a las instalaciones petrolíferas de la Standard Oil en Camiri y a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra obligó al comando boliviano a lanzar prematuramente su planeada ofensiva para recuperar todo el terreno perdido desde enero de 1935. Del 14 al 16 de abril, el ejército boliviano arrolló las líneas paraguayas en el sector central a lo largo del camino a Camatindý. En el sur, el 19 de abril de 1935, los bolivianos retomaron Tarari, obligando al coronel Fernández y sus fuerzas a retirarse. Entre el 24 y el 27 de abril dos divisiones reforzadas cercaron firmemente a la 8.ª División paraguaya en Cambeiti:


Naturalmente que el futuro de las operaciones bolivianas [...] y el ritmo a imprimir al avance, dependía [inicialmente] de infligir al ejército paraguayo un golpe recio que lo hubiera paralizado traumaticamente [...]. Y el pensamiento militar boliviano y las ansias del país todo, se afincaron en el cerco de Cambeiti, en el cual, durante cuatro días, se mantuvo en suspenso una febril incógnita. Grande debió ser el desencanto cuando el Comando Superior boliviano [...] en un comunicado de fecha 28 de abril de 1935 concluía con las esperanzas, muy factibles por cierto, que se habían forjado en torno al, hasta hacia poco, bien anillado cerco del sector central norte.

Teniente coronel Vergara Vicuña, en Vergara Vicuña (1944, p. 328 v. 7)


La 8.ª División paraguaya rompió el cerco en el punto más fuerte y escapó por las laberínticas quebradas de la sierra de Aguaragüe.


En el norte, las fuerzas del coronel boliviano Anze empujaron lentamente al Destacamento Garay hacia el río Parapetí. La contraofensiva boliviana recuperó las márgenes de ese río pero no pudo tomar el estratégico cruce de Huirapitindí desde donde las fuerzas de Garay podían recuperar fácilmente el río.


La ofensiva boliviana, pese a la amplia superioridad en hombres y recursos utilizados, fue limitada en sus resultados y se realizó al costo de elevadas bajas que llegaron al 20 % de las fuerzas empleadas.


Dos días habían transcurrido desde el instante en que se había desencadenado la sorpresiva contraofensiva boliviana [del 14 de abril de 1935] y ya se podía afirmar que había fracasado en sus objetivos fundamentales [...] lo que se había visto en Carandaitý, Algodonal, Villazón y Picuiba durante la contraofensiva del Cuerpo de Caballería Toro, septiembre a noviembre de 1934, se había repetido con matemática exactitud en esta nueva contraofensiva del Parapetí [...] desgraciadamente para las armas bolivianas, el imperio de la rutina operativa y el pródromo [sic] de debilidades de comandos afectados por el recuerdo de otros reveses en las personas de algunos de sus componentes [...] siguió pautando con sometimiento a un exceso de seguridad reñidos con los principios [...] de la economía de fuerzas y de la sorpresa.

Teniente coronel Vergara Vicuña, en (Guachalla, 1978, p. 201-202)


La ofensiva boliviana se detuvo el 16 de mayo de 1935, cuando el coronel paraguayo Rafael Franco retomó la iniciativa con un sorpresivo ataque sobre el regimiento boliviano Castrillo que vigilaba el estratégico sector de Quebrada de Cuevo y recuperó Mandeyapecuá, localidad donde se presumía que existían grandes reservas de petróleo. Días después, el regimiento paraguayo Valois Rivarola intentó cercar a dos regimientos bolivianos y unidades menores, que escaparon apresuradamente hacia Yohay.


Nuevamente el general Estigarribia pensó en tomar Villamontes pero esta vez desatando previamente sobre sus defensores un verdadero ataque de artillería. Para ese fin solicitó a la marina paraguaya el desmantelamiento de los cañones binarios delanteros de 6 metros de largo y 120 milímetros de diámetro cada uno de la cañonera Humaitá para transportarlos a 15 km de Villamontes y desde esa distancia destruir sus defensas. Se prepararon los puentes del ferrocarril, se diseñó un medio de transporte que soportara los 5500 kilos de peso, se planeó la construcción de un soporte de cemento para sostener el retroceso y se transportó al Chaco un tractor de gran capacidad para llevarlo hasta la zona de operaciones. La finalización de la guerra impidió que los cañones del Humaitá pudieran actuar sobre Villamontes.



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