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  • Foto del escritorEl Centinela del Norte

Conociendo nuestras raíces: Comunidad Aché.

Tradicionalmente los y las indígenas Aché ocupaban aproximadamente unos 5.000 kms2 de monte subtropical en la región Oriental. Actualmente, conforman seis comunidades ubicadas principalmente en el departamento de Canindeyú como así también en Alto Paraná, Caazapá y caaguazu con un total de población de 1.942 personas (DGEEC 2013).




POBLACIÓN

Durante mucho tiempo se mantuvieron reacios al contacto y se movían permanentemente por los montes altos de la región Oriental para no ser encontrados. Desde la década del 50 fueron sistemáticamente perseguidos por diversos sectores de la sociedad nacional no indígena hasta que finalmente terminaron reducidos en unos pocos asentamientos.


Literalmente fueron cazados por tener rasgos distintos a otros grupos étnicos de la zona, y aunque se internaron aún más en la espesura del monte para refugiarse, muchos fueron atrapados y vendidos, otros fueron torturados en pos de la ciencia, y algunos fueron secuestrados y vendidos como esclavos o para adopción.

GENOCIDIO ACHÉ

Entre 1968 a 1971, alrededor de 37 indígenas fueron asesinados, al menos 23 niños indígenas fueron secuestrados y 20 otros asesinados o secuestrados. “Claramente, estas 80 víctimas representan la punta del iceberg, dado que estos crímenes no fueron documentados.”


Al tiempo en que fueron obligados a trasladarse y permanecer en una reserva, en la década del 70, en menos de dos años, desaparecieron y fueron asesinados alrededor de 164 niños y casi otra centena fueron secuestrados y vendidos como ‘criados’ (término utilizado para aquellos “niños indígenas que eran comprados como esclavos”) para hacer trabajo doméstico (Münze 1974).

Actualmente, y como resultado de lo recabado en el informe final de la Comisión Verdad y Justicia sobre crímenes de lesa humanidad durante la larda dictadura stronissta, el pueblo Ache está realizando una demanda al Estado Paraguayo por genocidio, crímenes que no prescribieron.

A raíz de todo ello, el pueblo Aché ha tenido que abandonar su vida de cazadores y recolectores para dedicarse a la agricultura sedentaria y al trabajo asalariado en los establecimientos agrícolas.


Dentro de las actividades de subsistencia aún practican la caza, la pesca y la recolección con técnicas tradicionales como el arco y flecha -que en la actualidad constituye casi un deporte competitivo entre ellos-. El almidón de la palmera y la miel son los alimentos que más consumen. Las presas cazadas y lo recolectado es redistribuido entre las familias, comparten los alimentos como la crianza de los y las niñas que en sus primeros días de vida quedan al cuidado de otras mujeres y hombres con quienes mantendrá una relación de reciprocidad y cuidado a lo largo de su vida.


Emplean el torcido de fibras de ortiga brava, de palma pindo, de samuú, mezclándolas con pelo de mono o cabello humano, para darles más resistencia y confeccionar cuerdas que les servirán para trepar a los árboles en busca de miel o para evitar las mordidas de los animales cuando están cazando. Entre las nuevas actividades productivas que desarrollan los Aché, destaca el cultivo de yerba mate bajo monte, actividad sostenible y rentable, compatible con la conservación del bosque.

La mitología Ache se centra en “berendy” un flamante atronador ser que a veces toma la forma de un meteorito y, a veces tiene un cuerpo de carne y hueso. El hijo de Berendy es el tema de varios mitos, que también incluyen temas sobre el origen de los jaguares, el sol y la luna (como gemelos con el sol que es el niño y la luna de la placenta), los orígenes del fuego y la oscuridad, y un poco de moral cuentos sobre hombres viejos avaros y ancianas.





Bibliografía:

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